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Composición corporal

Bioimpedancia en consulta: qué estás midiendo en realidad y cómo dejar de medir ruido

Cómo usar la bioimpedancia en consulta de nutrición: qué estima en realidad, qué condiciones alteran el resultado y qué protocolo hace comparable la serie.

Cinta métrica extendida sobre una mesa de madera
Foto de Mark Owen Wilkinson Hughes en Unsplash

La bioimpedancia no mide grasa. Conviene tenerlo claro antes que ninguna otra cosa, porque de ahí sale todo lo demás.

Lo que hace el equipo es pasar una corriente de baja intensidad por el cuerpo y medir la resistencia que encuentra. El tejido con mucha agua y electrolitos conduce bien; la grasa conduce mal. Con esa resistencia y unos cuantos datos —edad, sexo, altura, peso— una ecuación estima el agua corporal, y a partir de ahí la masa libre de grasa y, por diferencia, la grasa.

Esa cadena de estimaciones explica casi todos los comportamientos raros que ves en consulta. Si cambia el agua corporal sin cambiar la grasa, el resultado se mueve igualmente. Y el agua corporal cambia por muchas razones que no tienen nada que ver con lo que el paciente ha comido este mes.

Lo que altera el resultado sin que nada haya cambiado

Esta es la lista corta de lo que puede mover una medición lo suficiente como para inventarse un cambio que no existe.

El estado de hidratación. Es la variable dominante. Un paciente deshidratado tiende a dar más porcentaje de grasa del que le corresponde, y uno sobrehidratado, menos.

La comida y la bebida recientes. Un desayuno abundante y medio litro de agua alteran tanto el peso como la distribución de líquidos.

El ejercicio previo. Además de la sudoración, el flujo sanguíneo redistribuido cambia la resistencia. Un paciente que viene de entrenar no es comparable consigo mismo en reposo.

El alcohol de las últimas horas. Por su efecto sobre el equilibrio hídrico.

El momento del ciclo menstrual. Las variaciones de retención pueden ser de suficiente magnitud como para tapar el cambio real de un mes entero.

La temperatura de la piel y el contacto con los electrodos. Manos frías, piel seca, crema hidratante puesta hace diez minutos: todo eso influye en el contacto.

Ninguna de estas cosas es un defecto del aparato. Son las condiciones de la medida. Y de ahí sale la única conclusión que importa: si no controlas las condiciones, la bioimpedancia mide ruido.

El protocolo mínimo que hace comparable la serie

No hace falta un protocolo de laboratorio. Hace falta uno escrito, sencillo y aplicado sin excepciones.

Comunica al paciente por adelantado —al confirmar la cita, no al llegar— tres o cuatro condiciones: venir en ayunas o con al menos un par de horas desde la última comida, sin haber entrenado ese día, sin alcohol el día anterior y habiendo bebido con normalidad, no más ni menos de lo habitual.

En consulta, fija lo que puedas fijar: misma franja horaria en todas las tomas de ese paciente, mismo equipo siempre, misma posición, mismo tiempo de reposo antes de medir, calzado y complementos fuera. Si mides a primera hora la primera vez, mide a primera hora todas las veces; una serie hecha a horas distintas no es una serie.

Y registra las condiciones junto al resultado. Es el paso que casi nadie da y el que más rentabilidad tiene a los tres meses, cuando aparece un dato extraño y saber que ese día el paciente venía de correr te evita una conversación equivocada. Qué campos guardar por visita está en qué registrar en la historia clínica de nutrición.

En mujeres en edad fértil, anotar el día de ciclo aproximado convierte una fuente de confusión en información utilizable.

No compares con la referencia, compara con él mismo

Los equipos suelen devolver el resultado acompañado de rangos de normalidad y, a veces, de una escala de colores. Es la parte del informe que más daño hace.

Esos rangos proceden de poblaciones de referencia que pueden no parecerse a la persona que tienes delante, y la ecuación del equipo tampoco tiene por qué estar validada para su perfil concreto. Enseñarle a un paciente que está “en rojo” produce una reacción emocional intensa a partir de una comparación que quizá no aplica.

El valor absoluto es lo menos fiable de toda la medición; el cambio en un mismo sujeto medido igual es lo más fiable. Así que la conversación útil no es “estás en el 32%”, es “has bajado dos puntos manteniendo la masa muscular”. Cómo construir esa conversación está en cómo explicar la composición corporal al paciente, y qué hacer con el caso incómodo en cuando el peso no baja pero la composición mejora.

Cada cuánto tiene sentido medir

Con bioimpedancia, la tentación de medir en cada visita es grande porque la toma dura dos minutos. Conviene resistirla.

El motivo es la relación entre el error del método y la magnitud del cambio esperable. Si la variabilidad entre dos tomas bien hechas ronda el punto porcentual y el cambio real en dos semanas es menor que eso, lo que le enseñas al paciente es principalmente ruido: unas veces parecerá que va estupendo y otras que ha retrocedido, sin que ninguna de las dos cosas haya pasado.

Cuatro a ocho semanas suele ser el intervalo razonable, y anunciarlo el primer día evita la frustración. El calendario completo, con las excepciones en que sí conviene acortarlo, está en cada cuánto medir la composición corporal.

Entre medición y medición quedan los perímetros, que son baratos, rápidos y bastante más robustos frente al estado de hidratación: pliegues cutáneos y perímetros.

Qué mirar del informe y qué ignorar

Un informe típico trae diez o doce parámetros. La mayoría son derivados del mismo puñado de estimaciones, así que mirarlos todos no aporta más información, aporta más ocasiones de sobreinterpretar.

Lo que suele merecer atención es la masa libre de grasa y su evolución, porque perderla es la mala noticia que hay que detectar pronto; el agua corporal cuando hay saltos que expliquen resultados raros; y, si el equipo lo da con fiabilidad, la distribución por segmentos cuando el objetivo es específico.

Lo que conviene tratar con distancia son los índices compuestos con nombre comercial, la “edad metabólica” y cualquier cifra que el fabricante no explique cómo calcula. No porque necesariamente estén mal, sino porque no puedes justificar clínicamente un número cuya fórmula desconoces, y en algún momento un paciente te va a pedir que lo justifiques.

Para que sirva de algo, la serie tiene que estar junta

Una medición aislada no dice casi nada. La cuarta, junto a las tres anteriores y al lado de lo que el paciente hizo esos meses, lo dice casi todo.

El problema práctico es que los equipos escupen informes sueltos —un PDF, una hoja impresa— y esos informes acaban en carpetas distintas del resto del historial. La serie existe, pero reconstruirla cuesta diez minutos en mitad de una visita, así que en la práctica se interpreta de memoria.

El Estudio de Composición Corporal de MiPlan guarda cada toma con sus condiciones dentro del histórico del paciente, así que la evolución está delante cuando preparas la revisión, sin buscar nada. El marco general de medición está en composición corporal en consulta, y si prefieres verlo con datos tuyos, Francesca te lo enseña en directo.

La prueba que deberías hacerte una vez

Mide a un paciente colaborador dos veces con veinte minutos de diferencia, dejando que beba medio litro de agua en medio.

El número que te salga de diferencia es tu suelo: por debajo de esa magnitud, tu equipo no puede distinguir un cambio real de una casualidad. Saberlo te ahorra tres conversaciones al año, y todas las tres son incómodas.

Preguntas frecuentes

¿Una báscula de bioimpedancia doméstica sirve para seguimiento?
Para dar un valor absoluto fiable, no. Para ver tendencia en un mismo sujeto midiendo siempre en las mismas condiciones, puede aportar algo, con la limitación de que los modelos de solo pie estiman la parte inferior del cuerpo y extrapolan el resto. En consulta, el problema no es tanto el aparato como el protocolo con el que se usa.
¿Puede hacerse bioimpedancia a una persona embarazada o con marcapasos?
Los fabricantes suelen contraindicar el uso en portadores de dispositivos electrónicos implantados y desaconsejarlo durante el embarazo, y las ecuaciones de estimación tampoco están validadas en esas situaciones. Consulta siempre el manual del equipo concreto y, ante la duda, usa perímetros.
¿Por qué la máquina da un resultado distinto por la mañana y por la tarde?
Porque estima a partir de la resistencia del cuerpo al paso de la corriente, y esa resistencia depende del agua corporal y de su distribución, que cambian a lo largo del día. No es un fallo del equipo: es lo que hace imprescindible medir siempre en la misma franja y condiciones.

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